PRÓLOGO
Alala: La odisea de un hijo de Rousseau
Quién eres o cómo, qué estatura / adivino la forma de tu cuello.
Venías hace tiempo y no sabía? Así empieza Gabriel Impaglione su particular ruta de Ulises en busca de su Ítaca.
Mientras se sucede el siglo y se hunden / estos huesos temerarios en la niebla.
Como un héroe del antiguo mediterráneo del que es originario, buscando un Polifemo que cegar con sangre de dragón siciliano, y mirada albertiana y pura. Cruza mares y nieblas, cruza el cielo de Altazor con un ala en busca de su amada-ala : ALALA.
Habita en la palabra de Neruda: Elegirte entre todas / quedarme con tu boca. Como aquella “eres la reina”.
Con el romanticismo como único equipaje y la bandera de la libertad como vestido, en busca de su amada-patria. De su casa a la de ella mide la distancia en besos y la salva con un puente de versos. Juega con las ocho letras de su nombre: Giovanna. Poeta sibila que conoce que “crear es el principio del placer, el que crea sin placer ama y no sabe volar”. A ella acude Gabriel con la rosa encendida de América en la mano.
De repente, este hijo de Rousseau (todos los hijos de Rousseau somos huérfanos) descubre que la inocencia habita en el corazón y que América toda cabe en un puño-pájaro que vuela en un lugar perdido de Sardegna, y ya no se pregunta quién es ni de dónde viene sino dónde ha llegado.
No has nacido sino para encontrarme, dice entre Neruda y Garcilaso, él, que no nació sino para quererla.
Este poemario, plagado de banderas, de sueños y de origen, es el de un hombre íntegro. Aunque no lo hubiera escrito sino sólo vivido merecería la historia que contiene.
Hoy, el poeta, es un héroe epilírico que se narra a sí mismo. Nos ofrece la rosa inaugurada, y con esa plenitud y esa pureza nos toca el corazón. Seres de un mundo (él y ella) no contaminado. Aves del paraíso sin serpiente, que establecen el amor como un dios soberano, y extienden el horizonte recién amanecido.
Con eso, Antigua Madre Europa, vieja loba, este lobo estepario de mar, ahora en la tierra de Ungaretti, marca destino y cumple. ALALA.
Verónica Pedemonte